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IDENTIDAD Y CAMINO IDENTITARIO



Desde los últimos 30 años los llamados Patriotas han sido bautizados por sus enemigos como fachas, ultras, ultraderechistas, franquistas, nazis, fascistas etc., y encima algunos, como buenos esclavos, habían llegado a interiorizar esos nombres que sus amos les habían impuesto.

Pero esta vez, de forma inteligente y cambiando esa dinámica, ha sido una parte sana del propio sector Patriotico la que se ha auto bautizado, la que ha decidido ponerse un nombre propio (IDENTITARIOS), rechazar los adjetivos impuestos por sus enemigos lanzándolos al abismo y empezar a caminar por un trazado nuevo en donde algunas organizaciones Patrióticas han decidido marcar su propio camino y ser libres para forjar su destino inteligentemente.

Pero definirse como IDENTITARIOS, o como PATRIOTAS, o como SOCIALES requiere, en un principio de unos mínimos postulados que definan lo que es la Identidad. Pero después se requierá, de más datos, de más información para poder seguir avanzando. Solo los tontos, incultos y desinformados se creen que España nació con las nefastas Cortes de Cadíz y su modelo nacional. Necesitamos de un proceso de Reconstrucción pero para inicial ese camino necesitamos de lo que podríamos llamar como una ESCUELA PATRIÓTICO SOCIAL IDENTITARIA de referencia. Es decir, se necesita una guia, una escuela formada por pensadores, historiadores e investigadores que se sumerjan en nuestra historia, en nuestra identidad y teorizen sobre cual ha de ser el camino a seguir.
Esto último es necesario para poder marcar una línea y poder empezar a CAMINAR por lo que ha de ser el CAMINO IDENTITARIO, camino que nos conduzca a esa sociedad Identitaria que queremos recuperar, tener e imponer. Es decir, tener un pequeño marco de referencia, unos valores y unos fundamentos es necesario al principio, pero para poder seguir avanzando hace falta algo más. De ahí la necesidad de dotarse de una Escuela Identitaria de Pensamiento en donde se debata, teórice y se busque nuestra identidad perdida y se elimine la mentira y la falsedad y se marque cual ha de ser el camino de la IDENTIDAD HISPÁNICA, y los senderos por los que hemos de transitar hasta la victoria final.

Querer construir un Frente Identitario, o un partido auto denominado identitario  sin tener esto claro sería como conducir un coche sin carretera, sin motor y sin saber a donde hemos de ir.

Puede parecernos absurdo que alguien pretenda esto, pero es cierto. Muchos de los que están subidos a la llamada causa identitaria española no tiene ni idea. Para muchos ser identitario es ser racista, facha, centralista mesetario y simpatizante de los regímenes que fueron derrotados en la II Guerra Mundial. Además, suelen tener pocos conocimientos sobre la Historia de España e incluso esta no les importa. Confunden la Nación, con el Estado o la Patria y no saben diferenciar entre estos y el Imperio. Suelen ser elementos bastante primarios, irreflexivos, contrarios a la auto crítica y con los tics de propios de la España cañí que algunos trazaron como marco de nuestra falsa identidad.

Se hace necesaria la creación de ésta Escuela Identitaria para que ninguno llame erróneamente lengua española al castellano, ni para que algunos se crean que las falsas banderas andaluza o extremeña actuales (banderas moras) sean más españolas que la Navarra o la Catalana...
... Se hace necesaria la Creación de ésta Escuela Identitaria y Patriótica para enseñar que Camarón de la Isla, antiguo descendiente de etnias del Pakistan, no es el referente de nuestro Folk Nacional y si lo son las Jotas, las Gaitas, y las Zanfonas...
... Se hace necesario saber que nuestro referente no son los palacios modernistas arabescos ni sus plazas de toros de arquitectura mora y si lo son nuestras construcciones antiguas de piedra y madera de roble...
... Se hace necesario explicar que somos los descendientes de los Españoles Antiguos que se fusionaron con Godos y Suevos... que España es un conjunto de pueblos bajo los cuales existe un mismo sustrato etnogenético (como atestiguan los estudios científicos) que se unieron por el Altar y el Trono y que queremos recuperar esa antigua Unidad que quedó sellada en el III Concilio de Toledo...
... Se hace necesaria esta Escuela Patriotica Identitaria para que nadie dude entre otras cosas que un NACIONAL de la provincia de Zamora que se apellida González Gómez pertenece a la misma NACIÓN que un nacional de la provincia portuguesa de Bragança que se apellida Gonçáles Gómes, auque pertenezcan hoy en día a diferentes Estados o que un catalán de la Cerdanya es tan español como uno del Rosselló, etc.

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El Profeta Isaías, nos dice en Isaías 5:20 que un Día al mal se le llamará bién y al bién se le llamara mal.

Hoy podemos ver que esos días ha llegado. Los malvados, los traidores y los cobardes campan por sus respetos.

Son tiempos difíciles para la Causa de Las Españas y aparecen los mediocres y torpes que quieren parte del pastel sin el objetivo de cambiar nada.

Frente a las tésis Constitucionalistas y colaboracionistas el HSM nos regala el combate sincero sin más pretensiones que la de seguir en frente luchando por nuestro pueblo.

Hogar Social Madrid, tal como llevan tiempo enseñandonos, siempre a la cabeza de la lucha Identitaria. Por Castilla y Por España.

Si lo que pasa hoy en día en el panorama político pudieramos llevarlo a alguna película podriamos hablar de Braveheart y de dos de sus protagonistas: Por un lado el héroe William Wallace que es honrado y directo y por otro el detestable el jorobado leproso que hace política, en el sentido actual del término, jugando a todas las cartas, y que siempre le indica a su hijo que apoye a Wallace mientras él apoya a los Nobles y así siempre, "ellos", "los de siempre", estarán en el bando vencedor. 

Podemos luchar contra el Sistema y utilizar las armas electorales pero nunca someternos a su Constitución capitalista anti nacional y anti patriótica, ni rendir pleitesia al régimen juancarlista ni engañar con las tonteria de una infiltración en el Sistema ya que es todo lo contrario: Son gentes del sistema que se hacen pasar por los nuestros.

https://www.youtube.com/watch?v=uo41Ag8lJ0o&feature=youtu.be

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RESPETO

Una Nueva fuerza política aparece en el escenario español.
Después de casi un año de negociaciones, tal como anunciamos ya en esta página, Plataforma per Catalunya (PxC), Partido por la Libertad (PxL) y España 2000 (E2000), han llegado a unos acuerdos y con la intención de alzarse como la nueva fuerza política española, reclamando su lugar en el Estado Español, tal como otras organizaciones similares han hecho en diferentes países de Europa.
Tras meses de reuniones han presentado su DECLARACIÓN POLÍTICA FUNDAMENTAL y en donde podemos ver claramente que las tesis de España 2000 han sido las vencedoras en todo este proceso de confluencia. 
Más adelante ya presentaremos un artículo bién estructurado sobre las cosas positivas y negativas de esta declaración, pero adelantamos ya unas cuestiones que no hemos podido dejar de pasar por alto.
Desde el Frente Identitario creemos que toda unión es positiva, pero esperábamos algo más. Esta unión, cosa decepcionante para nostros, tiene como objetivo único la creación de una plataforma electoral, cosa contraria a lo que postulamos desde este foro, FRENTE IDENTITARIO, ya que Nosotros siempre hemos optado por la creación de un FRENTE DE FRENTES en donde la parte electoral es una más. Creemos que se ha perdido una Oportunidad histórica, pues caemos en la trampa del Sistema en donde la única participación es mediante partidos políticos domesticados e integrados en éste, en donde lo fundamental nunca cambiará y solo se crean castas de políticos bien pagados que son rapidamente asimilados por el Sistema.
Somos partidarios de utilizar todas las herramientas posibles, incluida la electoral y la de tomar poder en las diferentes instituciones. Eso si, sin abjurar de nuestros principios, solo en la medida justa para no traicionar a nuestro pueblo, sin integrarse en el Sistema, sino denunciando sus injusticias y contradiciones y aprovechando los recursos económicos y medios que obligatoriamente ha de poner a nuestra disposición. Pero todo ello Coordinado en un Frente de Masas, en donde sindicatos, jóvenes, asociaciones de masas y culturales, grupos de intelectuales, etc., tengan también un papel determinante, voz y voto. Se trata de crear la Comunidad Hispánica Organizada y no solo un partido que nos pida trabajo y voto cayendo en la trampa que el Orden Juancarlista y el Nuevo Orden Mundial ha trazado para que podamos ser dominados y amaestrados.
La nueva organización, se autobautiza con un curioso y peculiar nombre: RESPETO.
En su declaración fundamental no aparece en nungún momento la palabra PATRIA , y solo una vez la palabra TRADICIÓN (exactamente la palabra Tradiciones), tampoco aparace la palabra DIOS, ni la palabra RELIGIÓN, aparace una vez la palabra CRISTIANISMO (exactamente Cristiana) y solo aparece 11 veces la Palabra IDENTIDAD. Tampoco aparce la palabra FUEROS, ni DERECHOS HISTÓRICOS, ni hace referencia alguna a las creencias de nuestro pueblo, y solo una vez menciona las palabras TERRITORIOS HISTÓRICOS.
Después de casi un año de deliberaciones la declaración solo consta de 11 folios y medio y no hay ningún resumen de los puntos concretos por lo que se lucha.
El texto carece de una definición en donde se nos explique que "entienden" los redactores del escrito" en cuestión sobre términos como "Nación", "Mundialismo", "Comunidad Nacional", "Izquierda", "Derecha", "Identidad", etc.
No hace ninguna referencia a los territorios hispánicos de Iparralde, Catalunya Nord y Occitania. Entendemos que esto pueda ser para no crear problemas con las organizaciones francesas con las que se quieren unir esfuerzos, pero en fondo creemos que esto es fruto de carencia de una cultura y conciencia identitaria, y que lo único que interesa y prima a la Dirección del Nuevo Partido son los resultados y ayudas económicas electorales. Esto supone renunciar a la unidad teritorial a cambio de ayudas. Tengamos en cuenta que identitarios alemanes reclaman a Francia, Polonia y a otros estados parte de sus territorios que fueron alemanes o de etnia germánica y eso no les ha causado ningún problema. En el texto tampoco se hace ninguna mención a la tierra hermana de Portugal que es una parte más de la Nación a la que ningún Patriota bién formado puede renunciar.
La nueva organización se postula como Nacionalista y no como Patriota, sin entender que el nacionalismo es una ideología nacida de la revolución burguesa (francesa), creada en las lógias para combatir el poder de los Gremios en donde los trabajadores estaban perfectamente defendidos y para atacar al poder Religioso que exigía moral y justicia, salarios justos y detener la usura. Destruidos estos, apartado Dios de todas las cosas, la Nación ( es decir la casta Gobernante) ocupa el lugar de Dios, no existe el bien y el mal ya que todo depende de las mayorias, aparece el capitalismo y el Estado Moderno en donde el individuo esta indefenso, etc, etc.

Echamos en falta alguna mención a nuestra historia, a nuestra etnogénesis, pues aunque se menciona a celtas y godos, ninguna referencia se hace a Íberos y demás pueblos originarios de la Península y que desde el Ródano forman una unidad etnica con el resto de peninsulares. Tampoco se hace mención ninguna a la Construcción de un Gran Ejército Patriótico y Popular que garantice nuestra soberania e independencia nacional y que este preparado para enfrentarse a cualquier poténcia enemiga por poderosa que sea. Echamos también de menos alguna referencia o propuestas para la creación de un marco identitario que consolide nuestra unión nacional y patriótica. 
No hay referencias a que se quiere conseguir, ni la hoja de ruta a seguir, ni si se pretende sustituir este régimen injusto, impio, anti nacional y sustituirlo por otro. No se detecta intención de cambiar el Estado Parlamentario Juancarlista y la creación de un Estado Hispánico Identitario Popular en donde nuestro pueblo pueda decidir por encima de las estructuras de poder económico. No hay definición sobre el sistema económico a seguir, no se sabe si se pretende continuar con el sistema de explotación capitalista, o se abogará por un sistema socialista, socialista autogestionario, etc., y en donde se defienda la verdadera propiedad privada frente al capitalismo y la usura bancaria y en donde haya una armonia entre productores (trabajadores por cuenta ajena y trabajadores empresarios).
 Por otro lado hay multitud de cosas positivas, la defensa de la familia, apoyos económocos para que aumente la natalidad y nos alejemos del invierno demográfico, respeto a nuestros trabajadores y defensa del estado de bienestar, soberanía económica y financiera, autonomía para decidir sobre nuestras fronteras, la económia al servicio de la nación, poder decisorio sobre la política monetaria, transpariencia del sector público, creación de una banca pública e introduccion en el código penal del delito de usura, política fiscal justa, implantación de aranceles para los productos extranjeros, recuperación de la agricultura y la ganadería, liquidadas por las cuotas de producción y subvenciones de la Unión Europea, aforo completo y no más inmigración, la inmigración masiva como problema económico, etc.
Nos asusta también el Constitucinalismo de los dirigentes que controlan esta organización ya que todo los que han sido cargos electos por sus respectivos partidos han jurado o prometido sumisión al Régimen juancarlista sin observar la contradicción que como patriotas e identitarios tendrían que ver, para mantener el honor personal y de la causa intactos.
En definitiva, para nostros un texto que ha de ser estudiado, corregido y ampliado en algunos aspectos fundamentales, ya relativos a principios Patrióticos y Nacionales irrenunciables,  en dode haya claridad en aspectos morales y éticos, como el genocidio legal del aborto, verdadero asesinato de niños inocentes de nuestro pueblo, claridad en temas religiosos en donde solo nuestra Religión tenga dechos frente a otras confesiones ajenas a nuestra identidad, determinar la estructura y mapa de nuestras regiones y territorios históricos, defensa de las lenguas propias de cada territorio con derechos superiores a otras lenguas, etc.
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Cercanos a la causa social identitaria circulan toda una serie de elementos que hacen mucho daño a la causa ya que no son más que peperos o pequeño burgueses radicalizados que se acercan a nuestras filas pensándose que somos liberales, o constitucionalistas o españolistas casposos, o que tenemos posiciones cercanas al PP o partidos liberales.

Por eso es necesario ir marcando distancias para que no se confundan ni se equivoquen.
Esperamos que con pocos conceptos se den cuenta, pues a buen entendedor pocas palabras hacen falta...

- No somos ciudadanos sino Pueblo.
- No somos fachas, sino Patriotas. 
- No somos liberales, sino Tradicionalistas.
- No somos capitalistas ni procapitalistas sino que somos anticapitalistas. No somos comunistas sino anticomunistas. Los dos sistemas son hijos del liberalismo al que nuestro pueblo combatió, y al que nosostros combatiremos.
- No estamos con los banqueros ladrones, ni con los explotadores ni con los usureros. Pedimos para ellos las máximas penas y los mayores castigos.
- No somos de Izquierdas ni de Derechas pues nuestro proyecto es otro.
- No somos especuladores y creemos en el trabajo de empresarios y trabajadores, de retribuciones justas y trabajos justos y creemos en la unión de los productores y de todos los implicados en el proceso.
- No somos ateos, ni agnósticos, ni aconfesionales. No somos moros, ni budistas, ni judios sino que tenemos religión que es la Católica Tradicional, la que conformó nuestra nación y fué actor principal en el III Concilio de Toledo en donde quedó sellada nuestra identidad y nuestro futuro.
- No creemos en la España de las tres culturas sino en la España Cristiana. Nosotros somos sus herderos, los vencedores y nada tenemos que tratar con culturas extrañas.
- No somos clericales, sino todo lo contrario. Creemos que la mayor parte de nuestro Clero ha caído en las teorías modernas liberal-relativistas y ya no creen en la verdad, pues siguen ideologias que en el pasado fueron condenadas por La IGLESIA, creemos que la mayoría siguen doctrinas falsas y que por tanto se oponen a nuestros planteamientos políticos y doctrinales pues su progresia es contraria a los Valores de la Reconquista y Cristiandad de nuestro pueblo.
- No somos Españolistas, sino Patriotas.
- No somos Centralistas sino todo lo Contrario. Somos foralistas defensores de los derechos históricos de los Pueblos que conforman nuestra Patria, defensores de sus lenguas propias y de sus culturas e identidades, tal como siempre se organizó nuestro pueblo. Las lenguas propias son las que han de tener prioridad en sus territorios naturales, siendo el castellano la forma de comunicación entre los diferentes españoles a escepción de Occitanos y portugueses.
- Nosotros no hablamos español, sino que hablamos castellano, catalán, aranés, euskera, occitano, asturiano, aragonés, portugués o gallego. Jamás nuestros clásicos llamaron español al castellano. Llamar español a la lengua castellana es un invento de los afracesados liberales y de sus seguidores cestralistas de hoy en día.
- No somos Constitucionalsitas sino todo lo contrario. España ya esta constituida y sus principios y moral cristiana ya se han determinado a lo largo de los tiempos.
- No somos Imperialistas, sino Imperiales. Nuestra nacion tiene una Misión Histórica y somos sus continuadores.
- No somos pacifistas, ni progres, ni guarros. Somos descendientes de almogávares y como ellos procederemos.
- No somos mundialistas, ni internacionalistas, ni queremos que banderas extrañas no españolas ondeen en nuestros territorios. Nos oponemos a que la enseña de la U.E., ondee en nuestros territorios.
- No somos igualitaristas, sino que creemos en las diferencias y en Gobierno de los mejores.
- No somos defensores del Sistema, sino que somos los verdaderos Antisistema. No somos la derecha o extrema derecha del sistema, ni vamos a reforzarlo. Tampoco somos la izquierda ni la extrema izquierda del sistema capitalista, sino que vamos a sustituir este desorden injusto por un Orden Justo y libre.
- No somos racistas, sino identitarios. Nuestro pueblo es de una raza concreta. Ser de otra raza significa pertenecer a otro pueblo.
- No somos modernistas sino defensores del mundo antiguo.
- No somos conservadores, sino Tradicionalistas. Aquí no hay nada que conservar y mucho malo por destruir.
- No estamos solo para concurrir a elecciones. Nuestro proyecto pasa por la Reconstruccion Nacional en todos los órdenes: político, económico, moral, religioso, territorial, educativo, nacional, patriótico, militar, foral, etc.



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Desde este Bloc del Frente Identitario ya hemos manifestado lo que significa la llamada "Constitución" y todo el Ordenamiento Jurídico que de él de ha derivado. 

A continuación os pasamos un artículo de la Organización patriótica catalana SOMATEMPS, que se ha  convertido en los últimos años como una verdadera organización de masas y referente intelectual del llamado mundo patriótico.

Es muy necesario leerlo con detenimiento y prestarle la debida antención pues descubriremos cosas sobre esta ley que son desconocidas y escondidas a nuestro pueblo.


Reflexiones sobre la Constitución del 78, el fin de la transición y la cuestión nacionalista


La transición democrática sólo fue posible gracias a presentarse, aparente y formalmente, como una continuidad del régimen el franquista y no como una ruptura radical con el mismo. Por mucho que hoy se nos quiera mostrar la aprobación de la Carta Magna española como un acto constituyente de un nuevo régimen e independiente del anterior, esto no fue jurídicamente así. Torcuato Fernández-Miranda y su famosa argucia: “de la ley a la ley” fue el artífice de esta estratagema que permitió este carácter continuista de la transición.

No en vano, a la Constitución del 78 se la conoció inicialmente como la “octava” Ley Fundamental del Movimiento. Ello no impidió que la Carta Magna derivara en contradicciones evidentes y previsibles: por un lado, se debía a un proceso legal derivado del franquismo y, a la vez, se redactó para desarrollar un cuerpo jurídico que disolviera el régimen del que procedía. La nueva Constitución fue aprobada en referendo y se consumó como una extraña continuidad-rupturista con el Régimen anterior. De ahí que aún arrastre contradicciones que la llevan, con mayor o menor premura, a su autodestrucción.

Errores en el proceso constituyente: ¿legalidad y legitimidad?

Muchos políticos, medios de comunicación y “expertos”, han trabajado durante décadas para presentarnos la Constitución del 78 como símbolo de ruptura para con el franquismo y el inicio de una etapa radicalmente diferente, en el orden político. Para ello se ha ido creando el imaginario de un “pueblo” que se levantaba contra la tiranía e imponía su voluntad y ansias de libertad, “dándose” a sí mismo una Constitución democrática. A ello se unió el pacto de silencio sobre el verdadero origen de la nueva “clase política democrática”, tanto los dirigentes pertenecientes a la UCD como los del PSOE. Estos dos grandes partidos que surgían aparentemente de la nada con unos recursos inimaginables y de sospechoso origen, configuraron el bipartidismo. Nadie quiso denunciar que buena parte de esta nueva casta, distribuida entre derecha e izquierda, procedía de muchas de las viejas familias franquistas. El reciclaje en “demócratas de toda la vida”, fueran socialdemócratas o del centro conservador, se produjo de la noche a la mañana. 

Podríamos recurrir a muchos textos de expertos constitucionalistas y básicamente muchos de ellos tienen que reconocer que se produjo esa continuidad legal con el anterior régimen. Sin embargo, para distanciarse, presuponen que el nuevo régimen democrático tuvo –aunque con fallos- su propio proceso constituyente y que aunque la legalidad provenía del cuerpo jurídico franquista, su legitimidad provenía del pueblo que la había refrendado. Este recurso intelectual para presentar la Constitución como fruto de la voluntad del pueblo español, tenía sus peligros. El más grande es que se concedía una primacía a la voluntad política sobre la legalidad. De ahí que la Carta Magna, acabara –y aún hoy en día es así- dependiendo de las voluntades políticas dominantes. De hecho su estabilidad durante una generación, se debió a que las esas voluntades políticas llegaron al famoso “consenso”. Pero cuando éste se resquebraja, la legitimidad del texto desaparece.

Este mal de raíz, aunque se haya querido ocultar siempre, no ha desaparecido. Hoy por hoy, la interpretación del texto constitucional depende de la voluntad política. Hasta hace poco, se trató a la Carta Magna como algo casi “sagrado” e inviolable. No obstante, la emergencia de nuevas voluntades y fuerzas políticas, están haciendo temblar el texto que –como veremos- adolece de criterios fijos de interpretación. De hecho, la primacía de la voluntad política sobre lo jurídico, explicaría por qué la redacción de la Constitución careció de técnicos juristas y politólogos apropiados o por qué un texto tan fundamental y se redactó y discutió en tres meses. La respuesta es sencilla: urgía para el nuevo entramado democrático –previamente diseñado como un bipartidismo- y por eso nadie se detuvo a analizar el texto de la carta Magna como un “todo” lógico y coherente. Más bien, el proceso de redacción y discusión se asemejó a un mercadeo, donde las discusiones de los ponentes no eran técnicas, sino sobre pequeñas cuñas y matices que se empeñaban en introducir o sacar del texto. La ausencia de técnicos impidió prever futuras contradicciones en los desarrollos legislativos y que nos ha llevado hasta la situación actual.

Un proceso “constituyente” sin Cortes constituyentes

Los expertos constitucionalistas suelen acordar las características de un proceso constituyente para que sea legal y tenga legitimidad:

1.- Un Proceso constituyente se origina de manera legítima, sin que sea impuesto por la fuerza.
2.-Se convocan por parte de una autoridad legítima unas elecciones libres con carácter constituyente. Lo que se denomina comúnmente elecciones constituyentes o elecciones para Cortes Constituyentes.
3.-La asamblea crea equipos de trabajo e inicia debates sobre los esquemas propuestos. Todo ello sin tutelaje ni imposición alguna.
4.-El texto constituyente se somete a referéndum.
5.-Si es aprobado, se proclama la Constitución.

Al proceso constituyente español se le podrían poner muchas objeciones. Si nos limitamos a las más fundamentales, serían dos. Una que era inevitable: el tutelaje más que descarado de Estados Unidos y otras potencias sobre el proceso de democratización española. Hoy en día la literatura política al respecto es más que suficiente para demostrar esta tutela y la escasa iniciativa del “pueblo” en los procesos y procedimientos que se establecieron para consolidar la democracia. A la sociedad española, sólo se le pidió pasividad y que refrendaran un texto que se les ponía sobre la mesa. La vigilancia y control al que estuvo sometido el proceso “democratizador”, se debía tanto a las agencias de inteligencia americanas como europeas, que no podían permitir que todo el sur de Europa se convirtiera en una zona desestabilizada. Este control fue especialmente preponderante desde el asesinato de Carrero Blanco, hasta el Golpe de Estado del 23-F.


La segunda objeción es que nunca hubo elecciones constituyentes ni por tanto, en sentido estricto, Cortes Constituyentes. Hoy en día prácticamente todos los manuales, ensayos, textos periodísticos, tratan las elecciones de 1977, convocadas por Adolfo Suárez, como elecciones de carácter constituyente, pero no fue así. El Decreto del 15 de abril de ese año, convocó inequívocamente unas elecciones para Cortes ordinarias. Para algunos especialistas, aunque reconocen que nunca lo fueron de iure, justifican el proceso porque lo acabaron siendo de facto. Si aceptamos esta tesis, volveríamos a la cuestión planteada anteriormente: la Constitución española carecería de legalidad, y su legitimidad se debería a una mera imposición de facto. Según ciertos expertos juristas, las imposiciones de facto pueden acabar legitimándose en el tiempo. No obstante, la distinción entre la legalidad y la legitimidad de esta Constitución es una herida abierta que nunca se ha cerrado del todo. Por eso, cada vez son más los que empiezan a dudar tanto de su legalidad como de su legitimidad y desean cambiarla sea por cauces legales o simplemente por una imposición mayoritaria.

Un hecho que pasó inadvertido para el gran público fue que, a raíz de la victoria del PSOE que llevó a los gobiernos presididos por José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), coincidió –no casualmente- con una apertura de la discusión de la literatura doctrinal sobre la reforma constitucional española. El gobierno socialista entabló un diálogo e impuso directrices al Consejo de Estado (supremo órgano consultivo del Gobierno) bajo la presidencia del prestigioso profesor Francisco Rubio Llorente. El Dictamen del Consejo de Estado sobre la Reforma Constitucional (CEC, Madrid, 2005), aunque desconocido para el gran público fue un aviso para navegantes sobre la caducidad de la Constitución tal y como fue engendrada en el 78.

Se proponía hacer depender posibles reformas constitucionales de las fuerzas y de las voluntades políticas y no tanto de “principios legales” definidos desde la propia Constitución. El paradigma empezaba a cambiar y sólo unos pocos escogidos se estaban dando cuenta. Cuando el presidente Zapatero aceptó el reto de una reforma estatutaria en Cataluña, la caja de Pandora se iba abrir y liquidar el famoso “consenso”. Fue entonces cuando muchos vieron que la Constitución podía quebrarse y con relativa facilidad. Ya nada dependía de la Ley en sí misma, sino de voluntades políticas y nuevos consensos.

Los frutos del “consenso”.

Nadie puede dudar de que el proceso constituyente cojeara desde un principio, aunque nadie quiso reconocerlo. Por el contrario se recurrió a la “sacralización” del texto constitucional y se idealizó tanto el proceso como una inexistente “voluntad general”. Esta sublimación llegó hasta el extremo de presentar a España como modelo a seguir por todos aquellos países que pasaban de una dictadura a una democracia. Pero la transición no fue tan idílica y estuvo salpicada de presiones extranjeras, corruptelas internas, traiciones, e incluso fue un proceso cruento que contó con años de “plomo” provocados por un terrorismo sanguinario que contó con el beneplácito y complacencia de muchos de los agentes implicados en la transición.

El sagrado “consenso” de la elite política emergente se tradujo en que todos tenían que renegar a principios innegociables en su fuero interno: hubo republicanos e izquierdistas que tuvieron que aceptar la monarquía y viejos franquistas que aceptaron casi sin rechistar el Estado de las Autonomías. Como por instinto de supervivencia, los agentes intervinientes entendieron que todos podían ganar, y mucho, si aceptaban ese “consenso” y sacrificaban sus principios. Por tanto, los viejos o nuevos ideales, esto es el maximalismo, debían replegarse y asentarse en el minimalismo y en el pragmatismo. No habría perpetuación del antiguo régimen ni revolución, sino un extraño híbrido en el que nadie estaría cómodo pero en el que todos podían aprovecharse de un nuevo estatus de privilegio.

Adolfo Suárez pronunció una famosa frase para sintetizar el proceso que debía llevar a una Constitución democrática: “Vamos a hacer normal lo que en la calle ya es normal”. Sin embargo, esta frase era engañosa. No se trataba de ajustar la Constitución a la sociedad, sino lo que se pergeñó –sutilmente- fue una transformación de la sociedad para adaptarla al espíritu de la Constitución. A golpe de leyes y dinámicas políticas y mediáticas, la sociedad española se transformó radicalmente en escasas décadas. Pocos de los democristianos y centristas, eran capaces de imaginar que esa Constitución que defendían a capa y espada abriría las puertas a realidades sociales que en su fuero interno aborrecían. Alguien podría pensar que este cambio era necesario pues el franquismo habría “anquilosado” la sociedad, pero este punto de vista es propio de los que no distinguen entre fundamentos inamovibles de una sociedad y lo accidental o esencialmente dinámico y transformador en las sociedades.

Mientras que una parte de la derecha sociológica española creía asegurado su status quo gracias a la Constitución, la izquierda se veía más que agradecida pues –evidentemente- estaba negociando desde una posición de fuerza más simbólica y “moral” que no real. Es aquí donde el “consenso” por parte de la izquierda se fraguó como infinitamente más hábil y sinuoso. Los temas sociales y educativos, quedaron tan abiertos y desdibujados y bajo el amparo de un lenguaje social y moderno que los primeros gobiernos democráticos de izquierdas se lanzaron a modificar las leyes educativas, civiles y penales que podían concernir a la familia y las estructuras tradicionales de la sociedad o el concepto de justicia, del bien o el mal moral. En menos de una generación, la legitimidad de las grandes instituciones que protegía la Constitución aún era explícita, pero empezaba a carecer del apoyo social.

En la segunda generación, la actual, esas Instituciones han empezado a perder vertiginosamente su legitimidad incluso se duda de su legalidad. La derecha creía que había consolidado instituciones como la Iglesia y el Ejército y salvaguardado la “unidad nacional”. La izquierda, por el contrario, había abierto el camino para apoderarse de la cultura y la enseñanza. Ello explicaría el porqué de la evolución que hemos señalado anteriormente: de cómo se pasó de considerar la Carta Magna como algo inviolable, a mostrarse como un edificio tembloroso a punto de quebrar.

La Constitución fue la cobertura legal para remover muchos principios esenciales de la convivencia social y el Bien común, que –evidentemente- no eran fruto del franquismo sino propios de todas las sociedades bien ordenadas. Sin embargo, el mismo motor del cambio social que fue en su momento la Constitución, ahora es vista por muchos como un impedimento para nuevos cambios y más radicales. Por tanto, bajo esta lógica, su arquitectónica debe ser derruida. El único freno existente a esta voladura era el “consenso”, pero este ha desaparecido. Con otras palabras, la Constitución del 78 lleva en sí el germen o espíritu de su propia disolución. Este agente ha tardado cuatro décadas en manifestarse y ahora ya no se puede detener.


Los defectos del texto constitucional

Pero el problema de la Constitución española no sólo deviene de su falta de legitimidad real o de su carencia de legalidad por defectos en el proceso constituyente. También en sus engranajes internos hay muchas contradicciones e imperfecciones que, una vez desaparecido el “consenso”, pueden convertir el texto en algo ineficaz por contradictorio. Repasemos algunas de estas cuestiones:

-El ya señalado defecto formal de su legalidad al ser encargada por unas cortes ordinarias y no Cortes Constituyentes. Una vez desaparecido éste, la “sacralidad” del texto que votaron los padres de la mayoría de ciudadanos que no la votaron porque ni siquiera habían nacido, carece de sentido.

- Hubo un tutelaje control y monopolio del texto que impidió que otros agentes sociales participaran en el famoso “consenso”. Un factor de presión muy importante fue el espectacular aumento del desempleo causado por la crisis del petróleo del 1974, la crisis económica que se sucedería y el clima de violencia política. Todo ello causó un miedo escénico en la mayoría de la población que la mantuvo como mero espectador. Por eso, denuncian algunos autores, hubo falta de la falta de transparencia de las etapas iniciales del proceso de redacción y desde el propio Estado se propició la desmovilización de las distintas formas de acción colectiva. Sólo tras la aprobación de la Constitución se pudieron consolidar otros partidos y sindicatos.

-En todo proceso constituyente todos los grupos parlamentarios de las Cortes constituyentes deberían estar representados. En el proceso español no estuvieron presentes ni la minoría vasca ni el grupo mixto; es decir, formaban parte de la ponencia de UCD, PSOE, PSUC, Minoría Catalana y AP. He aquí una de las explicaciones de por qué el PNV se abstuvo en la votación final del proyecto constitucional y en Euskalherría, ganó el No sobre el .

-La Carta Magna combina dos dimensiones que pueden ser una ventaja o, por el contrario, uno de sus elementos autodestructivos: es un texto a la vez rígido y al mismo tiempo excesivamente flexible. Algún experto lo ha definido como: “un texto ambiguo, farragoso y, en ocasiones, oscuro e impreciso, fruto esencialmente de recoger precisiones y matices de procedencia distinta y de `contentar a todos”. Ello provoca que la Constitución tenga demasiadas incoherencias, lagunas e incluso contradicciones en su articulado. Un caso más que evidente es el deslinde entre las competencias del Estado y el de las comunidades autónomas

-Otra crítica es que es una Constitución excesivamente extensa y a la vez inacabada. Muchos de los títulos de la constitución o artículos, recurren a la fórmula “que se desarrollará en posteriores leyes …”. Ello crea una situación compleja pues esta referencia a futuras y posibles leyes orgánicas que han de “concretar” la Constitución, convierten al legislativo en un poder constituyente constante y –según las Cortes y gobiernos de turno- contradictorio.

-La Constitución es muchos aspectos es excesivamente abstracta: lo que no prescribe tampoco queda prohibido, lo que llevará a la larga a extensas legislaciones y normativizaciones para intenten regular todos los aspectos de la vida social. Igualmente el texto se inmiscuye en materias que no son de carácter constituyente y, por tanto, permite fundamentar posteriormente leyes intrusivas frente a la privacidad personal.

-La Constitución queda en ese marco ambiguo de continuismo o ruptura. El texto del 78 derogaba la Ley para la Reforma Política y –en principio- se entendía que el resto de las Leyes Fundamentales del franquismo. Pero en el punto 3 de la Disposición Derogatoria se afirma que: “Asimismo quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a lo establecido en esta constitución”. Es decir, en el fondo no queda derogada toda la legislación pre-constitucional. El Tribunal Constitucional en sentencia del 28 de junio de 1981, dice: “aun afirmando que la promulgación de la Constitución no ha roto la continuidad del orden jurídico preconstitucional más que con respecto a aquellas normas que no pueden ser interpretadas de conformidad con la Constitución”. De ahí que –pese a quien le pese- la forma de gobierno en España, la monarquía, queda ligada a la Ley de sucesión de 1947. Aunque muchos gobiernos han legislado como su la Constitución fuera más bien una continuidad de la etapa republicana.


-La Constitución comporta un blindaje excesivo de unos derechos frente a un débil anclaje de otros. Por ejemplo, quedan especialmente protegidas la libertad de prensa (un guiño a la izquierda), o se consagra el libre mercado (un guiño a la derecha). Por el contrario otros derechos bonhomiítas, como el de la vivienda digna, derecho a la cultura, laborales, etcétera, quedan recogidos en el capítulo tercero como “principios rectores de la política social y económica”. Con otras palabras, son un conjunto de buenas intenciones o propósitos no concretados.

-La metodología impuesta en su elaboración –como ya se ha dicho- fue la del pragmatismo que permitió imponer el consenso como metodología de la transición. Ello dura hasta nuestros días. En el texto se mantiene lo que se denomina un “horizonte utópico”, esto es un mundo ideal al que debe tender el legislador, pero que se supone que nunca llegará, pues la propia realidad lo impide constantemente.

Un ejemplo esencial: la definición de la “nación” y el olvido de la palabra “España”


  No deja de asustar cómo un texto redactado en pocos meses y discutido en poco tiempo por unas Cortes, puede llegar a determinar el futuro de una sociedad. Entre los temas más fundamentales que sufrieron las tensiones del “consenso” era el tema de la Nación, las naciones históricas o el principio de autodeterminación. En aquellos momentos se intuía la importancia de ciertos términos, pero sólo ahora somos conscientes de cómo una redacción, en un sentido u otro, en un texto constitucional puede transformar o abocar al conflicto a toda una sociedad.

La referencia a “España” y a los territorios que la integran (artículo 2º del texto constitucional) generó un debate entre las fuerzas políticas que implicaba directamente a los conceptos de nación, nacionalidad y región. Con ello se intentaba justificar si debía o no, y en caso afirmativo cómo, hacerse referencia a determinadas entidades territoriales. Era evidente que lo que subyacía era la discusión sobre el modelo de organización territorial del Estado y, por tanto, del propio Estado.

Los senadores reales –respecto al uso del término nación o nacionalidad- se dividieron en dos posiciones muy distanciadas entre sí. Unos realizaban una interpretación del significado de los términos nación y nacionalidad como si fueran sinónimos. Por ende, si se incorporaba en el texto constitucional el término nacionalidad, referido a una región o parte de la nación, suponía una fragrante contradicción y un conflicto seguro. Otros senadores, deseaban tomar como punto de partida la clásica distinción entre la “nación política” y la “nación cultural” (o nacionalidad) para justificar el simultáneo reconocimiento constitucional de una nación española y de distintas nacionalidades o regiones en su seno. Evidentemente pecaban de ingenuos y eran incapaces de sospechar que les estaban proporcionando, para el futuro, “artillería anticonstitucional” a los nacionalistas.

Los sectores más conservadores plantearon constantemente en los debates la eliminación de la alusión, en el artículo 2º de la futura Constitución, a unas “nacionalidades” diferentes y distinguidas de la “nación española”. Se argumentaba que “nacionalidad” era una expresión ambigua y sin sustantividad propia, definida como cualidad de pertenencia de cada individuo a una determinada nación y que deriva, por tanto, de esta última. Reconocer en el texto constitucional nacionalidades, vendría a ser como reconocer implícitamente diferentes soberanías.

Otros senadores reales alegaron que la ambigüedad del concepto daría lugar a graves conflictos por su posible uso político, dado que consideraba que nacionalidad: “se usa en el Derecho español y en el de los demás países, y en el internacional, en los tratados internacionales y en el uso común de la lengua en el sentido de que es el vínculo de pertenencia o la cualidad de conducción de alguien que pertenece a una nación". En cambio, en el texto constitucional se desprendía que hablar de “nacionalidades” era una referencia a “nación subordinada o subnación o parte de nación” (Cortes Generales, Constitución de 1978, Trabajos Parlamentarios, t. III y IV).
Paradójicamente fue uno de los más conocidos falangistas, reciclado en “centrista”, Landelino Lavilla, quien apostó por incluir –con ciertas observaciones- el término nacionalidades. En su intervención ante la comisión constitucional del Congreso de los Diputados de 9 de mayo de 1978, declaró: “[...] la utilización del término nacionalidades [...] desde el punto de vista del Gobierno y de la responsabilidad que supone en una visión dinámica de la historia y de la política solo es aceptable como expresión de identidades históricas y culturales que, para hacer auténticamente viable la organización racional del Estado, han de ser reconocidas y respetadas incluso en la propia dimensión política que les corresponde, en la fecunda y superior unidad de España”. Este ex franquista no hablaba por sí mismo, sino que exponía la línea oficialista que había adoptado la UCD. Los centristas, en la discusión parlamentaria del texto, abogaron casi unánimemente por incluir el texto nacionalidades disociándolo del de “nación” o de “Estado”.

Los representantes del partido gubernamental, la UCD, como provenían en su mayoría de la estructura de poder franquista y de sus más distinguidas familias, tranquilizaron a los sectores más conservadores que sustentaban la idea –sin fisuras- de la “nación” española. La insistencia centrista de que hablar de nacionalidades era una mera distinción semántica sin implicaciones políticas, acabó siendo aceptada por los más escépticos y reticentes frente al nacionalismo. Esta cesión, dolorosa para muchos de ellos, era necesaria para salvaguardar el “consenso” con la izquierda y ciertas “esencias” del antiguo Régimen que luego nunca nadie supo definir o bien se evaporaron con el paso del tiempo.

Los representantes de la UCD, en ese momento los líderes visibles del proceso, no dejaban de afirmar que la inclusión del término “nacionalidades” -concebidas en base a criterios histórico/culturales, que no políticos- permitía constitucionalizar a la “nación española” como soberana, indivisible y titular de la autodeterminación. El colmo de la falta de intuición, ceguera o inocencia, era que los sectores centristas estaban más que convencidos que con esta cesión “semántica” en el texto constitucional tendrían contentos y satisfechos ab aeternum a los nacionalistas.

Quizá uno de los puntos más cruciales y que estuvo a punto de cambiar toda la arquitectónica actual, fue una ocurrencia que nadie había tenido hasta ese momento. En pleno debate sobre la “nación” y las “nacionalidades”, el senador nombrado por el Rey Luis Sánchez Agesta presentaría una enmienda al artículo 2º en la que proponía que se reconociera simultáneamente a una “nación española” a la que consideraba “fundamento de una organización política independiente”, junto a unas “nacionalidades” y “regiones” a las que definía como “históricas” y “culturales”. Hasta ese momento nadie había caído que en el texto constitucional se hablaba de nación, pero no de nación española.

Años más tarde, Fernando Garrido Falla, un experto constitucionalista, reflexionaba: “Por lo que se refiere al Artículo 1º.2, quizás lo más importante haya sido la introducción de la palabra «española», que elimina el peligro de cualquier interpretación del Texto tendente a fraccionar la soberanía en los distintos pueblos de España. En cambio, bien se observa que la diferencia con el actual Artículo 2º consiste curiosamente en afirmar simultáneamente cada uno de los dos principios antagónicos que en el mismo se contienen: por una parte, la «unidad del Estado» se refuerza con la «indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles», por otra, se consagra definitivamente el novedoso término «nacionalidades», con un sentido totalmente distinto del hasta entonces utilizado en el Derecho Civil (pertenencia de un individuo a una determinada nación) y que para muchos significó la posibilidad constitucional de concebir a España (o, si se prefiere, al Estado español) como una nación de naciones".

Los posicionamientos de la UCD les alejaban del viejo Régimen (y así tranquilizaban su conciencia de recién conversos al democratismo) y eran felizmente compartidos por representantes del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como Gregorio Peces-Barba o José María Benegas y del nacionalismo catalán, como Miquel Roca, encantados de que se diferenciaran los conceptos de “nación-Estado” y “naciones sin Estado” o “nacionalidades”, asumiendo la posibilidad de su coexistencia. Es significativo que los senadores de designación real catalanes: Martín de Riquer, Mauricio Serrahima y José María Socías, integrados en el Grupo Parlamentario de Entesa dels Catalans, no intervinieron en los debates para defender el término nacionalidad. Quizá ello se debió a que eran hombres conservadores y les asustó el entusiasmo con que los socialistas defendían esas propuestas.

Conclusión y proyección: fin del “consenso” y la incertidumbre del futuro.

 Tarde o temprano las contradicciones de la Transición se acaban evidenciando y a ello contribuye que está desapareciendo aquella generación que la pilotó. Como símbolo evidente tenemos la abdicación de Juan Carlos I y vemos cómo van falleciendo los “padres” de la Constitución. Cuando esto ocurre, el viejo “consenso” deja de existir, pues carece de sentido para la nueva hornada de políticos y sus intereses. Es entonces cuando el texto constitucional pierde su apariencia de sacralidad y se contempla ahora como un mero papel que puede ser desbrozado y retocado sin el menor rubor.

Todavía algunos ingenuos creen en el poder casi “mágico” de la Carta mágica, pero son incapaces de comprender que su fuerza derivaba de unos pactos tácitos y explícitos entre agentes que ahora han ido perdiendo todo peso político. Y este es el punto en el que estamos. La arquitectónica constitucional empieza a carecer de legitimidad para una parte de la población que no vivió la época de su gestación y para la que los metarrelatos construidos sobre la transición ya nada significan.

Igualmente carece de legitimidad el texto constitucional para fuerzas revolucionarias o centrífugas emergentes, pues ellos no participaron de ese “consenso”. No es de extrañar por tanto, que se haya pasado de la teoría de la inviolabilidad del texto constitucional a las teorías de la “reforma-exprés” sostenida ya por muchos juristas. Entre los más revolucionarios, como Pîsarello se afirma que “La mayoría de medidas necesarias para una gestión democrática de la crisis no puede plantearse ya, de manera realista, dentro del marco constitucional de 1978, o si se prefiere, de lo que se ha hecho de él. Impulsar nuevos procesos constituyentes desde abajo, plurales y con capacidad de proyectarse en escalas más amplias, comenzando por la europea, no es una tarea sencilla. Pero es acaso la única alternativa sensata, a medio plazo, a la descarnada ofensiva oligárquica que está prevaleciendo”.

Tras el fracaso del llamado Plan Ibarretxe, frenado precisamente con la cobertura de la estructura constitucional, la izquierda española y el nacionalismo transversal, empezaron a agitar el fantasma de la reforma constitucional. El nacionalismo vasco, que representaba el PNV, había seguido las reglas de juego para alcanzar sus objetivos, pero la “legalidad constitucional” los había truncado. La conclusión era evidente: había que cambiar las reglas de juego. Por entonces, una palabra prohibida hasta el momento, empezó a sonar en ciertos círculos y medios que hasta entonces habían venerado la Constitución, nos referimos al socialismo español: hacía falta una reforma hacia el “federalismo asimétrico”.

La caja de Pandora se ha ido abriendo imperceptiblemente, el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, tiene mucho que ver en ello al dar luz verde al nuevo Estatut de Autonomía de Cataluña. Los ponentes del Estatut supieron jugar hábilmente con el término nacionalidad que ya había quedado plasmado en la Constitución. Ello –y la voluntad política de Zapatero- bloquearon la resolución del Tribunal constitucional el tiempo suficiente como para crear un clima de frustración en Cataluña. La eterna espera de la resolución fue hábilmente utilizada por las fuerzas nacionalistas para radicalizar a sus bases.

Hoy, cuando el radicalismo nacionalista se apresta al asalto de la arquitectónica constitucional, muchos se empeñan en querer defenderla como último baluarte de la unidad española. Pero es preciso abrir los ojos y no dejarse engañar por la hábil estrategia separatista. La Constitución es en sí un barco que se viene hundiendo sólo desde hace décadas. El hundimiento era lento, por eso genero la sensación de estabilidad y salvaguarda de ciertos principios fundamentales como la unidad nacional. Pero lo cierto es que el barco estaba mal construido y el desastre es inevitable. Poner parches a la Constitución o intentar reforzar un edificio que amenaza ruina es simplemente alargar una agonía. Por el contrario, aferrarse a él, es darle la razón al nacionalismo separatista. Pues es querer depositar la unidad de España en manos de una legitimidad y legalidad que depende de voluntades. Y el nacionalismo ha demostrado que sumando voluntades puede derrocar el edificio.

Los que argumentan que la independencia no es posible porque es ilegal constitucionalmente, ¿qué responderían cuando si se reformara la Constitución y ésta permitiera legalmente una secesión? La independencia o no de Cataluña no puede realizarse en el plano de la legalidad sino de la moralidad y fidelidad a la esencia de la Tradición hispana de Cataluña. Todo lo demás es retrasar el desastre o darles más argumentos a los separatistas.

Quizá sea el momento de plantear un nuevo y verdadero proceso constituyente, pero la iniciativa no la pueden llevar aquellos que por su odio a lo que representa España, no buscan más que acabar con ella y diluirla en un mero marco jurídico. Posiblemente este argumento que presentamos no lo entiendan muchos que se sienten llamados a luchar por la unidad de la Patria, pero tenemos por cierto que el tiempo nos acabará dando la razón.

Principat de Catalunya, 6 de desembre de 2015.

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https://www.youtube.com/watch?v=2wt0wmhX9Qo&feature=youtu.be





El HSM y su Frente Juvenil estan destacando como un frente de masas de Castilla que nos indica que hay vida fuera de los partidos políticos.

Solo podremos plantarle cara al sistema mediante la creación de estructuras asociativas en donde nuestro pueblo pueda realizar una vida alternativa y comunitaria en donde la camaradería y el espiritu de clan superen el indivudualismo que el sistema quiere inervar en el corazón de nuestra patria.

Acción realizada por el Frente Juvenil de Hogar Social Madrid en la UCM contra la matriculación gratuita en la universidad para refugiados sirios, desplegando una pancarta de más de 40 metros cuadrados
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 - CUARTA GUERRA!!! - DESPERTA FERRO!!!




Algunos nos están acusando, a este BLOC y a lo que definimos como Frente Patriotico- Identitario, de querer construir mediante unas ideas y unos conceptos una idea o marco de lo que ha de ser España y de marcar el camino de lo que ha de ser el autodenominado movimiento identitario hispánico. 

En algunas redes algunos de los que nos tendrian que apoyar nos estan tachando de "terroristas intelectuales" por querer iniciar todo un proceso de Reconstrucción Nacional alternativo y de promover un estado de Odio contra los cargos electos de las últimas elecciones municipales que autodenominándose patriotas e identitarios han jurado, o prometido sin más, fidelidad a la Constitución y al regimén juancarlista. 

Nos acusan también de querer marcar un camino distinto a sus tonterias friki fachas, nos acusan de que hablamos demasiado de lo que ellos llaman provincias en vez de Territorios históricos (que es la forma correcta de denominar a nuestras tierras),  nos acusan de defender demasiado los derechos de las diferentes lenguas que estan en minoría en nuestra Patria, nos acusan de querer defender valores religiosos opuestos a su laicismo afrancesado y burgués, nos acusan de hablar demasiado de la Catalunya Nord , Iparralde y Occitania etc, etc.

Normalmente estos indivuduos son los que critican mucho a Batasuna, o a las CUP, pero ellos no entregan una parte de su sueldo a la causa tal como hacen los primeros. Nos da la impresión de que éstos que nos critican tienen solo por objetivo vivir de la política tal como parce que se han acostumbrado en los últimos años. Nos da la impresión, y perdón si nos equivocamos, de que los que nos critican solo quieren montar un partidillo que sea aceptado por el sistema y poder vivir de él, poder agrandar sus currículums y su ego. 

Detectamos que son contrarios a crear un verdadero frente de masas patriotico, detectamos que no quieren compartir una estrategía y una tactica que nos haga permanecer a lo largo de los tiempos,  detectamos que solo piensan en estrategias electorales, detectamos que no quierem compartir el poder y las decisiones que puedan expulsarlos de los cargos a los que se han aferrado como garrapatas (que quede claro que en su honradez no tenemos duda pero si que dudamos en los planteamientos de algunos).

Hace años algunos deciamos que la cosa aun no estaba madura para coseguir avances pero ahora estas circustancias han cambiado. 

Entendemos que el frente electoral es necesario para tener más tribunas desde donde poder explicar nuestras propuestas y de poder acceder a ayudas económicas que hagan más fácil el avance patriotico identitario, pero también sabemos que sin la presencia de otros frentes que avancen en la misma línea y que codirijan también todo este proceso nada se hará.

Desde este foro seguiremos manteniendo lo que en un artículo anterior definimos como "Estrategía y Táctica para el Movimiento Patriótico Identitario Hispánico",
http://www.frenteidentitario.es/2015/10/estrategia-y-tactica-para-pxc-y-para-el.html

pues la experiéncia nos dice es que solo así conseguiremos avances para asentar los cimientos de la Causa de Las Españas. Estamos realizando una labor de concienciación, una labor de socialización de los principios identitarios y patrióticos para que pase lo que pase tengamos ya un ejército de hombres y mujeres preparados para resistir y afrontar los nuevos tiempos que nos acechan, estamos tejiendo redes de comunicación con diferentes interlocutores válidos en la lucha asociativa, de preparación ideologíca, de planteamientos que hagan reflexionar a todos, de crear el marco identitario por donde habrá de transcurrir nuestra lucha ante los diferentes escenarios que se nos presentarán proximamente... y en definitiva estamos promoviendo todo un proceso de Reconstruccion Nacional que perdure y que sea un cimiento válido que no pueda ser derrrocado por un sistema que hará todo lo posible para que nuestro pueblo sea reducido a una masa amorfa, mestiza, sin raices, inculta y hedonista como paso previo a su total desaparición.

Tenemos una tarea y hacemos un llamamiento a todos para seguir luchando bajo las banderas de siempre.

Cuarta Guerra !!!.  Desperta Ferro!!!



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